Personalidad

Meter la pata: la alternativa al perfeccionismo

 “Meter la pata”, una alternativa al perfeccionismo

Hoy os propongo un sencillo ejercicio destinado a aquellas personas excesivamente perfeccionistas, cuyo temor a equivocarse acaba por paralizarlas más a menudo de lo que les gustaría.

Se trata de que, durante al menos una semana, la persona se proponga cometer cada día un pequeño desliz: llegar tarde a una cita, cometer un pequeño error en el trabajo, invitar a alguien y luego no tener suficiente dinero, etc. Por supuesto habrán de tolerar todas las reacciones que lleven consigo este reto.

La idea de esta práctica es que nos demos cuenta de que, a menudo, las consecuencias que tememos que ocurrirán a causa de nuestros errores no resultan tan dramáticas como habíamos imaginado. Además, ganaremos en flexibilidad de respuesta y en la generación de soluciones alternativas cuando las cosas no salgan exactamente como habíamos planeado.

Normalmente, la autoexigencia y el deseo de contentar siempre a los demás suponen una sobrecarga y un coste elevado, dándonos cuenta de que nunca parece ser suficiente lo que hagamos al respecto. La respuesta habitual de las personas excesivamente perfeccionistas ante estos casos es redoblar los esfuerzos para equivocarse menos y tratar de hacerlo aún mejor, aunque no tardan mucho en darse cuenta de que estos intentos resultan vanos.

En definitiva, lo que buscamos con este ejercicio es lograr ser un poco más despreocupados, aceptando de lleno nuestra condición humana y, por tanto, no exenta de fallos. El objetivo de esta tarea, que en realidad habría de tratarse más bien de una forma de vida, es que grabemos a fuego que lo importante no es acertar siempre, sino ser capaz de intentarlo, arriesgar e incluso saber sonreír a las pequeñas meteduras de pata.

SomosPsico - Blog de Psicología

foto|FreeDigitalPhotos.net

 
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La autoestima: “el verdadero valor del anillo”

AutoestimaEn uno de nuestros anteriores artículos hablábamos de la importancia de saber quiénes somos en realidad. Veíamos como son muchos los factores que terminan por influir en el concepto que nos formamos acerca de nosotros mismos, de manera que a veces acabamos por confundirnos e incluso por tener ideas contradictorias con respecto a nuestro autoconcepto.

Hoy me gustaría traeros un breve cuento para reflexionar. Algunos quizá lo conozcáis, pues ha sido relatado por famosos terapeutas entre los que encontramos a Jorge Bucay. Os lo dejo aquí para que lo leáis, aunque también podéis encontrarlo en Youtube por si os apetece escucharlo:

Esta es la historia de un joven que acudió a su maestro en busca de ayuda…

-Vengo, maestro, porque me siento tan poca cosa que no tengo fuerzas para hacer nada. Me dicen que no sirvo, que no hago nada bien, que soy torpe y bastante tonto. ¿Cómo puedo mejorar? ¿Qué puedo hacer para que me valoren más?

El maestro, sin mirarlo, le dijo:

-Cuánto lo siento, muchacho, no puedo ayudarte, debo resolver primero mi propio problema. Quizás después...- Y haciendo una pausa agregó -Si quisieras ayudarme tú a mí, yo podría resolver este tema con más rapidez y después tal vez te pueda ayudar.


-E..encantado, maestro -titubeó el joven pero sintió que otra vez era desvalorizado y sus necesidades postergadas. - Bien- asintió el maestro. Se quitó un anillo que llevaba en el dedo pequeño de la mano izquierda y dándoselo al muchacho, agregó -Toma el caballo que está allí afuera y cabalga hasta el mercado. Debo vender este anillo porque tengo que pagar una deuda. Es necesario que obtengas por él la mayor suma posible, pero no aceptes menos de una moneda de oro. Vete y regresa con esa moneda lo más rápido que puedas.

 
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El perfil del psicópata

El perfil del psicópataAunque el término psicopatía nos resulte más propio del cine de terror norteamericano, en el que los criminales no parecen tener escrúpulos en descuartizar a sus víctimas, lo cierto es que los psicópatas son personas tan reales como tú o como yo.

Un psicópata no es más que una persona generalmente con una conducta antisocial, la cual constituye el eje de su personalidad. Sus notas más características suelen ser su dificultad para experimentar emociones, tanto negativas como positivas; su falta de sentimientos de culpabilidad o de arrepentimiento; su elevada inteligencia y superficialidad; y su gran impulsividad.

Parece ser que el aspecto más relevante en lo que a este trastorno se refiere es la escasa sensibilidad a los premios y castigos de las personas que lo sufren, lo cual les impide aprender adecuadamente sobre la forma de relacionarse con el mundo.

 
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